Marcos nunca tendrá Paz

Entrevista al (Subcomandante)

Miércoles 11 de marzo de 2015, por Contravía TV

Publicada el 18 de agosto 1996 en la Revista Número
por Hollman Morris


« ¡Yepa, yepa, yepa, ándale, ándale, arriba, arriba!», dice un reciente comunicado zapatista. Quien lo escribe, lo firma de la siguiente manera:
SU ESPIDY GONZÁLEZ, O LO QUE ES LO MISMO, LA PIEDRA EN EL ZAPATO.
Así rompió el silencio que mantenía desde abril de ese año el subcomandante insurgente Marcos, líder de la guerrilla zapatista en el estado mexicano de Chiapas; el comunicado fue elaborado, según las agencias, en el eterno rincón zapatista de la selva lacandona, la misma que recorrí con un equipo periodístico del noticiero AM/PM en 1996.

Para Número he desempolvado los recuerdos de aquellos 20 días de espera en la comunidad indígena tojolabal de la Realidad Trinidad, lleno de incertidumbre, totalmente incomunicados, y en el noticiero preocupados por nuestra suerte; por fin el 18 de agosto –es decir, el día 21– apareció el subcomandante insurgente Marcos, quien nos regaló tres horas de entrevista, la primera y la única que ha concedido a un periodista colombiano.

«La Realidad» es una comunidad indígena tojolabal donde viven cerca de 800 personas, destino de los periodistas que buscan entrevistar al subcomandante Marcos, el «Sub», jefe militar y vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), autor de los humorísticos y poéticos comunicados que dan la vuelta al mundo navegando en internet.

En el corazón de la selva lacandona los tiempos son otros, se mueven al ritmo de la cosmovisión, maya y no al de los apresurados relojes occidentales. Los mismos comandantes zapatistas usan dos relojes, uno en cada muñeca: uno marca la hora mexicana y el otro la «hora occidental», de la selva, de las comunidades. «Hay que esperar», nos dicen. Días y noches se suceden sin que uno se dé cuenta del paso del tiempo. Los niños de «La Realidad» también esperan, tal vez soñando con ser insurgentes zapatistas; mientras tanto van a la escuelita del poblado, juegan y corren descalzos, llenos de lodo y de esperanza. Los muchachos, ya milicianos, tocan incansablemente la marimba y vienen a hablar con los visitantes curiosos por lo que ocurre más allá de las montañas del sureste mexicano. Las niñas y las mujeres también esperan, hacen sus tareas domésticas, cocinan tortillas, crían niños, lavan ropa y van a las reuniones de la comunidad, donde ya tienen voz y voto. Los hombres trabajan en la «milpa» –sembrando maíz– y sobreviven de lo poco que pueden cultivar y cosechar en tiempos de guerra. En esta realidad chiapaneca, en que la gente sabe cuánto vale una espera, todos son zapatistas.

Nosotros también esperamos, con una impaciente paciencia. Hasta que una noche entre realidad y sueño, y sin que nadie se dé cuenta, Marcos y su pipa vienen en persona a decirnos que al día siguiente nos buscarán para la entrevista. Su palabra se cumple: en medio de la tarde, cuando el sol implacable nos «obliga» a una siesta en las hamacas; llega el «Sub» montado en su caballo y nos señala el Aguascalientes de La Realidad como local de la entrevista.

Sentado en un banquito de madera, Marcos no deja de fumar su pipa ni un segundo. Trae su fusil AR-15 y en el pecho un escudo mexicano. Su pasamontañas negro ya está gastado y deja entrever la barba, partes de su rostro muy blanco y los ojos claros que arrebatan corazones femeninos. Y por supuesto el «narigón», como él mismo dice, su marca registrada. El paliacate que lleva en el pescuezo y que algún día fue de un rojo vivo, ahora está hecho trapos y casi sin color. Lo mismo se ve en sus tres estrellitas de subcomandante presas en la gorra, ya desteñidas por las lluvias. Bajo la sombra de una acogedora ceiba, el árbol sagrado de los mayas, Marcos habla durante más de dos horas sobre los orígenes del EZLN, su formación, las comunidades indígenas, los impasses en las negociaciones de paz, su futuro y el del zapatismo.

«Lo que identifica a la gente que simpatiza con el zapatismo es el grito de “Ya basta”. Ya estuvo bueno, ya no queremos este mundo, queremos otro mejor, diferente para cada gente, donde todos los mundos quepan, donde cada uno tenga el mundo donde sea feliz y eso no implique la infelicidad de otros».
–Subcomandante Marcos

¿El párrafo anterior es el sueño de la mayoría de la humanidad?
Sí, es un sueño, una locura, una utopía, pero yo me lo explico de esta manera: ¿cuánto vale la vida de un hombre, en cuánto valora uno la vida propia, a cambio de qué está dispuesto a cambiarla? Nosotros valoramos mucho nuestras vidas, no tenemos un culto a la muerte, aunque parezca. ¿Nuestra vida a cambio de qué? De un mundo mejor, nada menos. Los hombres y mujeres zapatistas que están dispuestos a jugarse la vida tienen derecho a todo, a pedir todo, tanto cuanto valga su vida. Hay quien valora su vida por una suma de dinero, pero los zapatistas la valoran por el mundo; éste es el costo de su sangre. Mientras este mundo nuevo no esté, no nos vamos a aplacar; seguiremos dando lata, organizando encuentros, convenciones, pelcando o escribiendo, hasta que nos maten o nos den el mundo que estamos pidiendo, que no es sólo para zapatistas. Un mundo donde quepan los zapatistas pero también los otros, quienesquiera que sean los otros.
En un mundo tan desesperanzado y que renuncia a las utopías, ¿todavía es posible soñar colectivamente, como hacen muchos pueblos indígenas?
Sí, así es como lo explico esa irreverencia de los zapatistas de decir, asó estamos soñando, y qué. Pero además ya se dieron cuenta de cuántos millones de soñadores somos. Dicen que no somos realistas políticamente, que no sabemos valorar los pequeños pasos que no podemos dar para alcanzar el poder, pero resulta que no nos interesa el poder, no nos interesa tener un carguito aquí y luego otro y otro. Sabemos que no estamos solos en este sueño, que ni lo inventamos ni lo descubrimos, pero sí compartimos; simplemente tocamos la puerta y dijimos «ahí está»; ¿se acuerdan? El zapatismo ha sido como un recordatorio y un espejo para mirarse otros; así es como lo vemos desde adentro, desde este lado del pasamontañas. Afuera nos pueden ver de muchas formas, como la esperanza, pero el hecho real es éste; hay un sueño que comparte gente de todo el mundo, y los zapatistas simplemente dicen «ahí está, vamos por él». ¿Qué tal si no es un sueño? A lo mejor lo podemos hacer realidad algún día.
¿No es una carga muy pesada para los zapatistas echarse este sueño a la espalda, si es algo para todos?
Nosotros no pretendemos eternizarnos en el papel de cargadores de este sueño, sino que buscamos compartirlo. Necesitamos que nos ayuden a llevar esa carga, que ya no se hable del zapatismo sino de ese movimiento rebelde que existe en el mundo y que quiere cambiar las cosas. No va a ser posible que en una sola fuerza tan aislada, cercada y perseguida como el EZLN pueda mantenerse por mucho tiempo si no comparte este sueño o esta bandera. Los que las comunidades zapatistas están planteando es que las relaciones de este país con sus habitantes originales ya no pueden ser las mismas, no puede repetirse el olvido; los indígenas tienen que ser tratados como ciudadanos y eso implica reformar todo el aparato político de México, haciendo una revolución en términos concretos para poder resolver esto, pues la solución tiene que ser profunda. Debe haber una situación mundial que permita que en México se produzca ese cambio, que el reflejo de los grandes gobiernos, del poder en el mundo no sea apoyar a este gobierno, sino apoyar la apertura de ese espacio democrático que no es solamente para los indígenas, sino para todos.

Al final, ¿puede definirse el zapatismo, o el “neozapatismo”, como dicen algunos analistas?
Nosotros insistimos en que el zapatismo no es una nueva doctrina o una nueva bandera que suplante al comunismo, al capitalismo o a la socialdemocracia; ni siquiera alcanza a ser un corpus teórico más acabado. De hecho somos bastante vagos en ese sentido, somos bastante escurridizos para las definiciones. Nos escapamos de los esquemas y en eso el zapatismo es un síntoma de lo que está pasando en el mundo, algo más grande y general que ocurre en cada continente de una manera diferente, esa rebeldía salta y presenta sus propias demandas, usando como referente algo para encontrarse, que es el zapatismo. Por eso todo ese movimiento de rebeliones en el mundo es muy zapatista, ya que no está encajonado en una sola definición.

¿Cuál es el origen del EZLN, cómo se formó y se consolidó?

El EZLN, que sale a la luz pública en enero de 1994, proviene de dos raíces: una organización político-militar de origen urbano y una organización de resistencia indígena de las montañas del sureste mexicano. La organización urbana es un grupo muy pequeño, de orientación marxista-leninista pero formado en la realidad y la historia de México por gente de clase media que encuentra las alternativas de lucha política cerradas por el monopolio del PRI, pero imposibilitada de hacer oposición honestamente, pues corre el riesgo de caer en la cárcel o terminar en una tumba. El EZLN no realizaba actos que las fuerzas represoras pudieran detectar, y va formando a sus militantes con la ideología de no buscar su crecimiento por el dinero fácil, como tantos otros grupos, sino por el trabajo político, consciente de que un día la lucha política tendría que transformarse en lucha armada y que nos deberíamos preparar para cuando llegara la hora. Esta organización necesitaba un lugar para prepararse militarmente, donde nadie pudiera localizarla, y para eso entra en contacto con los indígenas de la región de Chiapas, que habían tenido su propio camino de lucha; estos militantes de organizaciones campesinas e indígenas, de partidos políticos, que habían estado en la lucha política abierta y habían sido golpeados, reprimidos y asesinados, llegaron a la conclusión de que la vía pacífica de lucha estaba agotada. A partir de esa convergencia de intereses, en noviembre de 1983 nace el EZLN y empieza su preparación en la selva lacandona, porque el Estado mexicano no se hacía presente en esta región olvidada por todos.

¿Hubo apoyos de otras guerrillas latinoamericanas para armar el EZLN?

En el momento en que iniciamos nuestra preparación militar, para todos los movimientos de América Latina la revolución era posible en cualquier lugar, menos en México, y por eso nadie estaba dispuesto a apoyar una guerrilla destinada al fracaso. Nos dijeron de todo: que íbamos a fracasar, que éramos agentes de la CIA, que íbamos a arruinar el santuario de solidaridad que representaba México para el resto de movimientos armados. No tuvimos ningún apoyo. Cuando aparece públicamente, el 1° de Enero de 1994, el EZLN es un ejército pobre, con poquísimo armamento, la mayor parte del cual lo conseguimos en la madrugada del mismo 1° de enero, cuando bajamos para ocupar algunas ciudades de Chiapas y en el camino pasamos a “limpiar” las “guardias blancas”, los grupos paramilitares de los terratenientes, que estaban emborrachándose con motivo del año nuevo. También conseguimos muchos vehículos, camiones y camionetas. El hecho es que nos armamos así porque no recibimos ni armas ni entrenamiento de ningún otro grupo. No porque no lo hubiéramos intentado, o porque fuéramos muy celosos de nuestra independencia –lo que es cierto-, sino porque para todo el mundo lo que queríamos hacer, levantarnos en armas contra el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, era una locura. En eso tenían razón: estábamos locos…

¿Cómo llegaron a la decisión de realizar la ofensiva militar de enero de 1994 para darse a conocer públicamente?

Llega un momento en nuestra formación como ejército en que, a partir de la convivencia y los choques culturales entre el grupo urbano y el indígena, prevalece la organización de las comunidades indígenas y el EZLN pasa a ser su ejército. Las poblaciones indígenas estaban sufriendo la creciente presión de los grupos paramilitares, de los terratenientes y del mismo gobierno estatal, las expulsiones de sus tierras, el asesinato de sus líderes, y entonces se ven contra la pared. Del otro lado está la muerte; entonces, no hay forma de seguir viviendo en la tierra de esa manera. Más que un medio de producción, la tierra es para los indígenas su raíz, su fundamento cultural, la casa de sus muertos, y por eso no pueden abandonarla. Deciden quedarse y, si es el caso, morir como sus antepasados, o sea, peleando. Como ya somos el ejército que pertenece a las comunidades, su brazo armado, deciden que vamos a luchar al lado de ellos. En ese entonces –comienzos de 1993- argumentamos que no hay condiciones materiales, que no existe un contexto nacional o internacional favorable, que cayó el campo socialista, que las guerrillas estaban derrotadas políticamente o en un reflujo muy grande. Tendríamos que enfrentar a Salinas de Gortari, visto como un triunfador, con respaldo internacional y un control casi dictatorial sobre las fuerzas políticas del país. Los compañeros nos dicen que aun así tenemos que pelear, para llamar la atención sobre los problemas de la población indígena y para que algo empiece a cambiar, aunque los beneficiados sean sus hijos y sus nietos. Hace una consulta en todas las comunidades zapatistas y se deciden por la ofensiva armada.

¿Por qué eligen el 1° de enero de 1994 para lanzarse a la ofensiva y por qué optan por ocupar algunas ciudades de Chiapas, como San Cristóbal de las Casas?
Las comunidades contaban con el poder de decisión política y yo en esa época ya tenía el mando militar de la organización, así que cuando toman la decisión pido un plazo para poder preparar la ofensiva, pues el EZLN había sido formado inicialmente para defender a las comunidades y ahora tenía que atacar, que hacer la guerra. Lo que temíamos era que a la hora de aparecer en público nos acusasen de narcoguerrilla, o de no ser un grupo mayoritariamente indígena, de extranjeros o mestizos manipuladores de indios, lo que el gobierno en realidad trató de hacer en el principio; por eso optamos por acciones que dejasen bien claro nuestro origen y nuestras intenciones, algo que narcotraficantes o delincuentes comunes nunca harían. Entonces decidimos tomar siete cabeceras municipales de Chiapas sin atacar a la población civil, sin acciones terroristas, en la madrugada del 1° de enero, cuando el hombre más poderoso del país y sus cómplices estaban celebrando la entrada en el Nafta, que tantos infortunios traería para la población mexicana, sobre todo para los campesinos y los indígenas. Por eso nos lanzamos en acciones militares cuyos objetivos eran dar a conocer nuestro mensaje, no obtener triunfos militares. Por eso decidimos que la guerra de los zapatistas es una guerra por la palabra, por hacerse escuchar, para obligar al México primermundista a escuchar a la población olvidada y su grito “¡Ya basta!”.

En la búsqueda del “¡Ya basta!” para todo México y de la utopía de la internacionalización de la esperanza, ¿Qué cosas no haría el EZLN, tomando como ejemplo histórico los errores cometidos por muchas guerrillas latinoamericanas, que empezaron llenas de buenas intenciones y terminaron en prácticas poco nobles, como por ejemplo los ataques contra la población civil?
En primer lugar, no nos volveríamos contra nosotros mismo, no justificaríamos ataques contra la población civil, cualquiera que sea el fin que se persiga, pues cuando un ejército se dedica a pelear contra la población civil se convierte en un monstruo, en un enfermo que mata por placer y no por necesidad, si es que hay alguna necesidad que justifique el asesinato de civiles. Tampoco nos enfrentaríamos contra otras fuerzas sociales, políticas o militares que luchan por los mismos cambios, por disputar la vanguardia o la homogeneidad del conflicto; esto es, no pelearíamos con otros grupos a ver quién tiene la verdad, quién es más revolucionario o mejor guerrillero. Si enfrentamos a un régimen criminal que basa todo su poder en las armas, no estaríamos dispuestos a construir otro régimen sobre el poder de nuestras armas, aunque sean de palo, aunque sean de madera, como dicen que son las armas de los zapatistas…

¿Los zapatistas estarían dispuestos a rendirse para construir este mundo nuevo sin armas?
No estaríamos dispuestos a rendirnos ni a vendernos, porque para nosotros rendirnos significa abandonar las banderas por las que nos alzamos y luchamos. No son las armas las que dan la convicción y la idea. Podemos estar armados o desarmados, podemos estar a la luz pública o en las montañas, pero no podemos renunciar a la aspiración que tenemos. No estaríamos dispuestos tampoco a transar por beneficios propios, es decir, que se resolvieran los problemas del EZLN y no los del resto de la población. Eso nunca.

Pero ¿estarían dispuestos a dejar la vía armada si se dan las condiciones para que puedan seguir como fuerza política, no militar?

Nosotros pensamos que hay que luchar por cambiar las cosas, y aquí en México uno se halla ante la alternativa de hacerlo mediante la lucha política civil o mediante la lucha armada. Ojalá pudiera optarse por la primera, puesto que es la de vida, mientras que la otra es de muerte. Esto no va a ser resultado de un acuerdo, de una firma o de la buena voluntad del gobierno o del EZLN, sino que va a ser producto de un espacio que abra la sociedad, en el que se vea que el tránsito por la vía pacífica es posible, que vale la pena, que va a traer resultados, que tiene futuro. Si no, deberá seguir prevaleciendo la opción armada, o esta etapa de resistencia en la que estamos ahora.

Y en caso de que se abra una puerta por la vía pacífica…

Si esto ocurre, nosotros seguiríamos siendo zapatistas, pero en un espacio político. Lo que vemos es que este espacio no se va a abrir por un acuerdo entre cúpulas, sino mediante la participación de la sociedad. Que se sienten a discutir todos los que tienen demandas y que digan, “bueno, vamos a pelearnos”. Finalmente en política uno siempre pelea, pero en igualdad de circunstancias y como deben hacerlo los políticos, o sea, con palabras y no con armas.
Entonces, ¿el EZLN dejaría de existir y pasaría a actuar como Frente Zapatista (FZLN)?

La transformación del EZLN en FZLN sigue dos caminos. Uno de ellos es la construcción del Frente, una opción política que no es solamente de las comunidades zapatistas, sino de todos los zapatistas civiles que están en las ciudades y en el campo y que ya es una estructura en formación, organizada en 31 de los 32 estados mexicanos y con simpatizantes en el exterior. El aspecto principal que el Frente hereda del EZLN es que no debe lucharse por el poder ni aspirar a tener cargos públicos o electivos. El otro camino es que el EZLN pueda optar por la vía política para buscar sus demandas, pero esto resulta más complicado porque nos enfrentamos con el doble discurso del gobierno mexicano, que por una parte reitera su compromiso por una salida pacífica, por la solución negociada del conflicto y por abrir los espacios para que los zapatistas podamos salir a la vida pública, y por la otra aumenta la presión militar con sus acciones y pone en riesgo todo el proceso de conversión del EZLN en fuerza política.

Si se firmaran los acuerdos de paz definitivos, ¿qué pasaría con el EZLN?
El EZLN tendría que quedarse un tiempo como garante de que estos acuerdos se cumplan en la práctica, porque una cosa es que se firmen y otra bien distinta es que se cumplan. Después de esto, y solucionadas las demandas fundamentales de democracia, justicia y libertad por las cuales se alzaron las comunidades indígenas, el EZLN debería desaparecer porque es un ejército que nació con esa finalidad, es decir, que las comunidades tuvieran voz y pudieran luchar por sus derechos fundamentales; sin embargo, esta transición no será muy difícil, porque el EZLN está conformado por las comunidades indígenas en armas. Si ellas dejan las armas vuelven a ser civiles, como han sido desde siempre.
Y cuál sería el futuro de Marcos: ¿dejaría las armas, se quitaría el pasamontañas, se iría de la selva?

El caso de Marcos es más complejo porque en este papel que le tocó desempeñar, en la misma forma como concentró la atención de los medios de comunicación, lo que se llamó el “protagonismo” de Marcos o la atención de los reflectores, como dijeron, también concentró las miras telescópicas de los fusiles enemigos. El desafío que el EZLN impuso al gobierno mexicano, representado simbólicamente por la figura de Marcos, no lo va a perdonar el poder. Dondequiera que ande va a estar con la retícula de la mira telescópica sobre su pecho, esa mira lo va a perseguir donde sea, con el pasamontañas o sin él. Es esta parte la que olvidan los que critican el protagonismo de Marcos, los reflectores, las cámaras. Se olvidan que otras cámaras lo están enfocando y qué intenciones tienen. No es para entrevistarlo, o tomarle fotos, sino para matarlo.

Según esto, el futuro de Marcos no es de paz. ¿Te parece que el gobierno perdonará la osadía que tuvieron las comunidades zapatistas y el EZLN?
Nuestro desafío fue grande, tocó al centro mismo del poder en México y al hombre más poderoso del país en ese entonces, Carlos Salinas de Gortari. Además de todas las repercusiones que tuvo en el mundo, creo que el poder en Estados Unidos, en Europa o en Japón, tampoco está muy satisfecho con nosotros. Como el poder funciona igual que un empresario en un mercado, entonces tiene que cobrar esa cuenta, y si no puede cobrársela a las comunidades, entonces se la va a cobrar a Marcos. Total, yo no le vendería un seguro de vida a Marcos, aunque se firmara la paz, o en todo caso no lo aseguraría por mucho dinero, porque sería dinero perdido.

También dijiste que el futuro de Marcos estaba atado al de las comunidades indígenas. ¿Cómo es eso?
Eso significa que evidentemente él tendrá que adaptarse a los requerimientos del movimiento en ese entonces. Si necesita que salga tendrá que hacerlo, aunque la mira del fusil vaya detrás de él allá afuera; si le piden que se quede, tendrá que quedarse; si le dicen que se vaya a otro lado, tendrá que irse. Pero no creo que pueda regresar a una vida normal, ni que deje de ser Marcos, el subcomandante. Pienso que para él ya no va a haber paz, aunque ésta se firme.

Hablando de otros grupos armados, ¿qué ha cambiado el EZLN en el discurso de la izquierda latinoamericana y las guerrillas del continente?
Lo más importante es que retomamos la convicción de toda esa gente que ha sido guerrillera en América Latina, gente que peleó contra todas las adversidades y que no abandonó sus principios. Me refiero a los que fueron honestos y que tuvieron espíritu de sacrificio, el desinterés por beneficios propios que animó a estos luchadores.

¿Y de qué cosas ustedes toman distancia, qué experiencia guerrillera no quieren repetir?
De lo que sí tomamos distancia es de acceder al poder por esa vía, lo que no resolvería el problema si siguiera faltando el apoyo del pueblo o su opinión. Como dicen los compañeros zapatistas, faltaría saber qué piensa su corazón. Nuestro objetivo es poder abrir en verdad los espacios de lucha para toda la sociedad, no seguir tradicionalmente el término de que las guerrillas combaten y las fuerzas políticas hacen política, sino tratar de que la guerrilla combata pero que también haga política, que reconozca la política y la lucha de ideas como un campo de batalla. Luchamos para que las soluciones sean incluyentes y tolerantes, no pretendemos tener la única palabra; si aceptamos que existen otras ideas y que el mañana se construirá con la participación de otros. Insistimos en que la solución debe ser producto de las fuerzas sociales y no de un acuerdo cupulario, aunque esa cúpula sea revolucionaria, o así se autodenomine.

¿De dónde viene la inspiración para estas ideas tan poco presentes en las experiencias guerrilleras más tradicionales, casi siempre excesivamente dogmáticas y poco democráticas?
Nosotros pensamos que este es un aporte del zapatismo que tiene que ver, más que con la supuesta claridad política de Marcos, con la contribución de las comunidades indígenas al movimiento; esta aparente locura que dice que no se trata de tomar el poder sino de algo “más sencillo”: cambiar el mundo, cambiar todas las relaciones políticas. Es esta inspiración la que lleva ahora al desafío de la creación del FZLN, el esfuerzo de organizar otra fuerza política, ahora sí no armada, que no se plantea la toma del poder, para ver qué efecto produce en la práctica política del país.

Con esa propuesta de levantarse en armas sin perseguir la toma del poder, ¿el EZLN no sería la primera guerrilla posmoderna de que habló Carlos Fuentes, cuando ustedes surgieron en 1994?

Ni moderna ni posmoderna. A mi modo de ver la historia no se acabó pero cambió, y no necesariamente para mal, porque estoy seguro de que en un mundo anterior al que estamos viviendo, si hubiera ocurrido algo parecido a lo del 1° de enero de 1994 habría terminado en una matanza y nadie habría dicho nada. Cuando nosotros bajamos de las montañas en 1994, nos encontramos con un mundo diferente, infinitamente mejor que el que habíamos dejado en 1983, cuando iniciamos nuestra preparación. Esta capacidad de reconocer que las cosas cambian y que es necesario hacer algo nuevo le llega al EZLN a la hora en que choca con las comunidades indígenas; conoce que hay una realidad nueva pero inexplicable; debe improvisar o realizar algo novedoso para encontrarse con ellas. El EZLN original, más cercano a las guerrillas tradicionales, tiene que renunciar a su papel de vanguardia y cederles el poder de decisión a las comunidades que conforman su base.
Al contrario de las guerrillas tradicionales, que siempre reivindicaron para sí el papel de vanguardia…
Es que, en general, las organizaciones revolucionarias en América Latina se situaron en su momento histórico; esa era la alternativa, lucharon por eso, no se resolvieron los problemas por muchas causas, errores propios o ajenos, pero ahora se necesita buscar otra opción para este mundo, más amplia, más tolerante, y que debe incluir otras formas de lucha, sobre todo la voz de muchos más, que pueden no ser catalogadas de revolucionarias en los manuales de política revolucionaria que hay por ahí. Ser revolucionario es una categoría flexible que no significa necesariamente ser bueno; puede haber gente buena sin ser revolucionaria y que también puede participar en la construcción de un futuro mejor.

¿Por qué será que el zapatismo despierta tanta curiosidad y simpatía en varias partes del mundo e incluso la solidaridad internacional, en un tiempo de egoísmo y pérdida de la esperanza?
Nos vemos a nosotros mismos como un síntoma de algo, de que en gran parte del mundo mucha gente está diciendo o quiere decir “¡Ya basta!”. Eso no se escuchaba porque el poder mundial había construido un mundo paralelo, ficticio, virtual como dicen ahora en la época de las computadoras, donde se aceptaba que todo estaba bien pero no era cierto. Hay mucha gente rebelde, inconforme, que lucha por cambiar las cosas en todos los medios, y no me refiero solamente a las clases desposeídas. Abajo, en el mundo real, existe esa hermosa “enfermedad” del ser humano de siempre querer ser mejor y cambiar, de no conformarse. Y entonces aparece un síntoma pequeño como una lucecita, un chispazo en las montañas del sureste mexicano y en el que todos los rebeldes del mundo reconocen dos cosas: en primer término se despiertan de la desesperanza que les habían vendido, de que ya no valían la pena tantos esfuerzos para que las cosas siempre resultaran igual, y en segundo lugar se reconocen ellos mismos; ahí estoy yo detrás de ese pasamontañas, rebelándome, no soy indígena chiapaneco pero soy como ellos. Todos los excluidos se reconocen ahí y no lo levantan como bandera sino como un espejo que ayuda a encontrarse, a reconocerse y a decir “existimos”; este es el síntoma.

En el libro Manual del perfecto idiota latinoamericano, escrito por tres autores, entre ellos Álvaro Vargas Llosa, hijo del famoso escritor peruano, se clasifica a los intelectuales que todavía creen en los cambios sociales y a los demás soñadores como idiotas. ¿Te consideras uno de ellos?
El cinismo no puede quedar impávido. El poder y el cinismo trataron de convencer a la gente de que no valía la pena pensar o luchar por algo mejor, que cada uno debía preocuparse por lo suyo porque las cosas son así. Es este cinismo castrante y estéril, que tiene sus abanderados y ahora se hace libro en este “manual”, que dice que todo aquel que tiene esperanza es un imbécil, un idiota, y todo aquel que sea un cínico, que se haya vendido, es inteligente. Es un libro perfectamente coherente con la lógica del mercado neoliberal, según el cual los que no quieren ser valorados por lo que compran, por lo que venden o por las tarjetas de crédito, son idiotas. Para el poder nosotros omos transgresores de la ley, la gente que tiene esperanza es idiota, siempre estaremos marginados, a un lado; sin embargo sabemos, al igual que el resto del mundo, que si los idiotas fueran gobierno el mundo sería mucho menos idiota que ahora que están en el poder los inteligentes, los que hacen estos libros y justifican todas las arbitrariedades según las leyes del mercado. Es esa gente que guarda silencio en las dictaduras o que las justifica y aplaude, que dice que la ley del mercado lo permite todo. Pero como este libro vendrán otros, pues el renacer de la esperanza necesariamente enfrentará una contraofensiva del poder, cuyas banderas serán el cinismo, el conformismo, el crimen hecho teoría política o teoría cultural.
Algo que no deja de llamar la atención es la participación de las mujeres en el EZLN, incluso en puestos de comando; ¿cómo es esto para las comunidades indígenas?
Las mujeres en los pueblos indígenas están muy segregadas, muy marginadas: no pueden estudiar, no pueden salir, su horizonte es el del poblado, ni siquiera van a visitar a otros, no pueden escoger a su pareja, son compradas. El hombre hace un trato con la familia, ofrece regalos y dinero y se lleva a la mujer. Cuando llega el EZLN algunas mujeres se van a la montaña y ahí tienen algunos derechos, como por ejemplo, estudiar, a escoger a su pareja y a ser oficiales de mando. Son mujeres indígenas, van para allá y descubren otro mundo, mucho mejor que el que vivían en las comunidades, porque pueden aprender, pueden mandar, pueden tener un arma y ser oficiales de tropa, con hombres que las obedecen.
Pero cuando regresan a las comunidades, ¿no se produce un choque muy violento con las tradiciones?
Se provoca más bien una efervescencia, una agitación entre las mujeres de la comunidad que empiezan a cuestionarse, a organizarse y a pelear por sus derechos dentro de las comunidades. Pero como es una situación que lleva varios años y hay mucha resistencia de los varones, este movimiento no acaba de cuajar; hay un choque entre el movimiento de liberación de las mujeres dentro del EZLN y el patriarcado, porque los zapatistas todavía nos comportamos como hombres, con toda la cultura que tenemos adentro. Lo que planteamos es que estos logros sean producto de la lucha de las mujeres, no de algo que nosotros decretemos, como mandos del EZLN, sino que las mujeres zapatistas conquisten su espacio y le den la amplitud que ellas mismas establezcan.

Muchas mujeres no indígenas simpatizan con el EZLN. ¿Será por Marcos?
Nos hemos dado cuenta de que la mayoría de la gente que simpatiza con el EZLN es mujer, tal vez porque en la sociedad mexicana tiene una situación muy semejante a la de los indígenas en Chiapas. Así como los indígenas eran apreciados por su tradición, como si fueran un objeto de consumo turístico, en la sociedad mexicana las mujeres son valoradas como objeto decorativo; puede ser sexual, puede ser atractivo, o porque canta bonito, pero no como seres humanos. Entonces tal vez éste “¡Ya basta!” encuentra un espejo especial para las mujeres, que esa lucha contra la marginación se reproduce en otro nivel.

Contadas admiradoras que tiene Marcos en todo el mundo, ¿cuál es el tipo de mujer que le gusta al sub?
Toda mujer tiene una parte amable y una detestable, la que sepa presentar su lado amable y ocultar el detestable sería la ideal, pero no suele ocurrir… La mujer que uno llega a construirse dentro de sí mismo, la que quisiera tener, es la misma enfermedad del Quijote. En últimas, qué me importa si Dulcinea del Toboso es una verdulera, lo que vale es la imagen que me construí de ella, no importa qué cuerpo tenga o qué olor, y se dice que olía a cebolla. Lo que uno está buscando es una compañera, y créame, para un guerrillero encontrar una compañera es muy, muy difícil. Digamos que no soy un buen partido…

¿Y sobre el uso comercial, la superexposición de Marcos en los medios, la espectacularización de la imagen? ¿Marcos no aparece más que los indígenas?
Pienso que fue un riesgo que hubo que correr, que tiene ese lado malo pero también su lado bueno, que eso ha servido para que, por ejemplo, los periodistas vengan aquí y se den cuenta de otras cosas, de lo que está detrás del pasamontañas, y a través de los medios la gente se entere de lo que está pasando en Chiapas. Sí, hay Marcos, pero también hay comunidades indígenas y toda esta situación. Finalmente, lo malo no lo pagan las comunidades, lo paga Marcos, y como Marcos no existe, no importa que hablen mal o bien de él. Que digan que es un símbolo sexual o que es un protagonista no importa porque no existe; cuando se necesita está y cuando no se necesita desaparece. Y el chiste es que a través de Marcos, del marco de la ventana, la gente se asome adentro y también que los “compas” se asomen a través de este marco, de esa ventana no hacia fuera y que entiendan que el mundo es ancho y que bien cabemos todos.

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